miércoles, 30 de enero de 2013

LAGO - JARDÍN Capítulo 8

LA PROPUESTA DE MARTÍN

Hace ya unas semanas que Nai y el Doctor Martin llegaron a Lago-Jardín, y ambos se han instalado en el pueblo con gran satisfacción.

Nai empezó a dar clases a los niños y Martin, tras recibir la camilla que le faltaba, pudo por fin abrir su consulta. 


Desde la apertura de la consulta, el joven doctor no tenía un momento de descanso. La sala de espera siempre estaba llena de pacientes. Hacía ya mucho tiempo que el pueblo carecía de servicio médico, y muchos de los vecinos se acercaban a conocer al nuevo doctor con el pretexto de cualquier leve enfermedad.


El día de hoy había sido un día duro, pero por fin Martín atendía a la última de sus pacientes.



- No se preocupe Dolores, no es nada serio, se trata de  un simple empacho. En unos días se encontrará como nueva, ya lo verá.


- Gracias doctor – respondió la paciente que se aquejaba de dolor de estomago – estaba un poco preocupada.


- Nada, nada, pues tranquila. Le voy a hacer una receta para que vaya a la botica y le preparen un tónico. Con eso será suficiente.


Martín extendió la receta a la señora Dolores y la acompañó hasta la puerta.
 

- Si ve que mañana no se encuentra mejor vuelva a verme, aunque ya verá como tomando la medicina desaparecen todos los dolores.


- Lo haré doctor, no tenga cuidado. Y me alegro de haberlo conocido – contestó Dolores mientras salía de la consulta.



Martín cerró la puerta, consultó por enésima vez su reloj y se quitó la bata. Llevaba toda la tarde esperando que  llegara la hora de terminar la consulta, tenía tantos pacientes que  pensaba que no llegaría a tiempo; sin embargo aún le habían sobrado unos minutos.


Hacia dos días que Eugenia, la dueña de Vistiendo Sueños, le había hablado de la celebración de la fiesta del patrón del pueblo, y después de mucho darle vueltas, había decidido ir a ver a la maestra y pedirle que lo acompañara el sábado al baile. De ahí su nerviosismo por terminar de pasar consulta lo mas pronto posible y así llegar a la escuela antes de que finalizaran las clases para poder hablar con Nai.

 Martin no quería perder tan buena oportunidad para reencontrarse con la muchacha que le había robado el sueño.



Salió de la consulta y, como aún era pronto, comenzó un paseo por el pueblo con destino a la escuela para hacer tiempo, aunque, debido a su nerviosismo, intuía que la espera se le iba hacer eterna.  Sin embargo no fue un paseo aburrido, Martin se había ganado buena fama en el pueblo y todos los vecinos ya casi le conocían, por eso, a cada paso que daba Martin saludaba a uno u a otro, como el carnicero, La boticaria, La péscatela, el guardia urbano, etc… Incluso se pudo permitir el lujo de, en alguna ocasión, pararse dos minutos a hablar con alguno de ellos.



- Doctor Martín!


Martín levantó la vista y se encontró frente a el a Don Elias, el cura del pueblo.


- Don Elias! Que grata sorpresa! 


- Lo mismo digo amigo mío! ¿Que? ¿Dando un paseíto?


- Así es, terminé pronto y quería aprovechar para acercarme a ver a la señorita Nai y asi, además, estirar un poco las piernas.


- Hace bien, dicen que eso es bueno, ¿pero que le voy a decir a usted que ya no sepa? – dijo Don Elias riendo –


- Y dígame – continuó el cura - ¿como le van las cosas? Por lo que voy oyendo los vecinos del pueblo están muy contentos con tenerle a usted aquí.



Martín sospecho que la conversación con Don Elias podría alargarse mas de lo que el sospechaba poniendo en peligro llegar a tiempo a la escuela. Don Elias no paraba de hablar y de hacerle preguntas, y a Martin, que admiraba profundamente a aquel hombre, le sabia mal dejarlo con la palabra en la boca. 


- Me alegro de que la gente esté contenta, mi trabajo es estar al servicio de la comunidad, para eso he venido.


- Pues encantado  de haberle encontrado hijo – prosiguió el cura – y a ver si lo veo algún domingo por la iglesia, ahora que ya está instalado del todo.


El joven médico sonrió para sus adentros. No había pisado la iglesia desde su llegada.


- Si, sí, claro Don Elias, por supuesto, nos veremos en la iglesia – contestó Martín  esperando que el cura no tuviera más preguntas que hacerle.


- Vaya con Dios, joven – se despidió el sacerdote –


- Gracias, que tenga buena tarde Don Elias – se despidió Martín –



Y ya, rápidamente porque el tiempo finalmente se le había pasado raudo gracias al encuentro con el cura, se dirigió a la escuela. 
 
 La puerta estaba cerrada,  pero aún no había pasado ni un minuto cuando se abrió, y un montón de chiquillos salieron atropelladamente, llenando la calle de gritos y risas infantiles. 



Una vez pasada la avalancha de infantes, Martín se acercó, tragó saliva y dio unos golpecitos a la puerta.


- ¿Se puede?



Nai, que estaba sentada tras su mesa. Levantó la vista y, como si de un espejismo se tratara, vio ante ella al hombre con quien no había dejado de soñar, el Doctor Martin. 

Cerró los ojos y los volvió a abrir para asegurándose de que su vista no la engañaba.


- Martín!, claro, pase, pase!


El joven doctor se acercó a la mesa de la maestra.  “Qué guapa estaba rodeada de libros y papeles, con los dedos manchados de tinta y tiza” pensó Martin para sus adentros.



- ¿Y eso que usted por aquí Martín? – le preguntó la muchacha.


- ¿Acaso no puedo venir a visitarla? – contestó el médico con una sonrisa - 




Nai, se quedó un poco sorprendida, le gustó que Martín fuera a visitarla, y ofreciéndole una sonrisa le levantó y comenzó a ordenar la clase para que estuviese lista para el día siguiente, como en ella era costumbre.



- Sí, por supuesto, mi aula esta abierta a todo el mundo y usted no iba a ser una excepción.… Aunque sospecho que esta visita no es por placer ¿verdad?  Perece ansioso por contarme algo.


-Vera señorita Nai, visitarla a usted aquí o donde sea y a la hora que sea, siempre es un placer.


Nai sonrío alagada y Martin tras unos segundos continuo.


-Pero tiene usted toda la razón. Vengo a proponerle algo


-Usted dirá


- Vera..el sábado es el día del patrón de pueblo.


- Si, lo se, los niños están preparando juegos y teatrillos para ese día – contestó Nai –


- Ah, estupendo! Así los niños también disfrutarán de la fiesta.  


Martín decidió no irse por las ramas e ir directo al grano.



- Verá Nai, me han dicho que por la noche hay un baile en el café, y había pensado, que si le apetece, podríamos ir juntos…


Ya lo había soltado, respiró profundo, ahora solo quedaba esperar la contestación de ella, que esperaba que fuese afirmativa.


Nai se quedó en silencio, la expresión de su rostro cambió. No era que no lo deseara, llevaba muchos días con Martín metido en su cabeza, y no había manera de sacarlo de ella. Sin embargo ella sabía lo que era vivir en un pueblo pequeño. La línea que separaba el chisme de la crítica era muy fina. Nai nunca había estado enamorada y no sabia como y de que manera podría afectarle todo esto. Era nueva en el pueblo, la maestra, y debía ser cauta, no debía precipitarse en su relación con Martin, y el corría demasiado para ella. Debían ir mas despacio.



- Oh! Martín! No es que no quiera ir con usted – comenzó a decir Nai con cara de pedir perdón por anticipado.


No quería ofender al doctor, por eso intentó ser lo más sutil que pudo al darle su negativa.


- Pero preferiría que nos encontrásemos allí. Creo que seria mas prudente. Ya sabe como es la gente, que enseguida se imagina lo que no es Martín. Es mejor ir despacio, que tanto usted como yo somos nuevos en este pueblo, y debemos andar con tiento,  al menos hasta que estemos más integrados…



Martin no podía creer lo que escuchaba. Nai estaba rechazando su invitación. Entendía los motivos pero no los compartía. No era lo que había esperado, y las palabras no fluían de su boca. No sabía cómo reaccionar, que decir, que contestar.


- Pero Nai… - acertó a decir después de carraspear un par de veces en un intento de recuperar la voz –


No tuvo tiempo de decir nada más, en ese momento alguien asomó por la puerta.


- ¿Se puedeeee? – dijo la voz de una anciana


- Señora Manuela! - Contestó Nai volviéndose hacia la puerta – pase pase mujer…



Martín, que solo quería desaparecer, encontró el pretexto. Ya no tenía nada más que hacer allí.


- Bien, Nai, entonces ¿nos veremos en el baile?


- Claro que si Martín, nos vemos el sábado allí. – respondió aliviada la muchacha que agradeció para sus adentros la oportuna visita de su vecina  -


Martin disimulo su estado de decepción tratando de cambiar de tema, y la oportuna aparición de la señora Manuela fue la escusa que necesitaba.


- Señora Manuela, acuérdese que la semana que viene tiene que venir a mi consulta para tomarse la tensión – dijo Martín dirigiéndose a la puerta –


- Tranquilo doctor, que memoria aún me queda – respondió la mujer

Y los tres rieron la gracia.


Martín salió de la escuela con el semblante serio. Desilusionado y decepcionado. ¿ir mas despacio?, ¿ser mas prudentes?. No lo entendía. 

Desilusionado por la respuesta y desilusionado… con Nai.

Texto: Minisantonia y Minichico
Fotografía: Minisantonia









16 comentarios:

  1. Vaya de momento le han dado calabazas al Sr Martín, si es que las criticas en el pueblo la pueden a Nai, bueno pues a esperar nos queda....... ya llegará el día del baile y veremos que pasa.... Me encanta..
    Besos. Mª Jesús

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  2. Me encantan estas entradas con las fotos acompañadas de relatos. Me ha gustado muchísimo. Besos

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  3. Hola, me gusta el vestido de la señora Dolores. El cura es tal cual. TambiEn me gusta. Las fotos son ideales. La imagen de los niños saliendo de la escuela es muy real . Me gusta que la maestra le de largas ... Seguimos en contacto

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  4. pobre doctor ,con lo ilusinado que se le veia , esta Nai , como se duerma se le adelantaran

    besitos

    Mari

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  5. Mi piacciono le tue storie corredate sempre da belle immagini.
    Aspetto il seguito.
    Ciao Faby

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  6. Che bella storia sei una brava regista!un besito!

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  7. Muy buena puesta en escena Toñi, pero el doctor parece que quiere ir muy de prisa, y eso...que caramba, y mas en un pueblo...
    Besitos

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  8. Hasta cura tenemos,que bueno,jejejej,este doctor va un poco rápido menos mal que la maestra tiene caracter,me encanta,besitos

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  9. là, c'est une histoire qui devient un véritable roman ou feuilleton !!! A suivre ....
    rosethé

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    1. Pués la maestra ha respondido muy bien, que ya se sabe "como le cuelguen un sanbenito"...

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  10. Otro capítulo muy emocionante, ya tengo ganas de saber que pasará en el baile.

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  11. ¡Genial!!! ¡Cada vez se superan más tanto con el relato como con la puesta en escena!!! ¡Enhorabuena!!MN

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  12. Hola paso de visita por tu blog y menuda historia que me encuentro es una pasada de bien y que emoción. Saludos

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  13. Pobre doctor, me dá penita, con lo buena persona que és. A ver si en el baile las cosas le salen mejor.

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  14. Nai,no le dejes escapar que tienes otras dos contrincantes!!!!

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